lunes, 26 de mayo de 2014

Entrega

Nos despedimos en gran forma.

Dos días antes de tu muerte nos bañamos durante horas en la terma.
Abrazados e inmóviles dejamos correr el agua tibia, aromática, porque no había mañana.
Hierbas en el agua y los pulmones. Vapor de alcohol y sales de mar muerto.
Un río de palabras francas y desbordadas.
No quedó nada por decir, memoria ni tierra por perturbar.
Nos levantamos de ahí para secarnos uno al otro recordando veranos.
Para vestirnos uno al otro hasta acabar en lágrimas.

Nos despedimos en gran forma.

Un día antes de tu muerte reacomodamos los muebles de la sala para ver al poniente.
Antes de que despertaras lavé con furia el ventanal y animé a las arañas en las macetas viejas a que tomaran agua del alba y luz resplandeciente.
Ya sin palabras nos bebimos el día en las poltronas y una docena de botellas de cava.
Cada una más tibia. Cada una más densa. Cada una más sobria.
Hasta el retorno del sol en nuestra nuca.

Nos despedimos en gran forma.

El día de tu muerte ya no quedaba tiempo con qué sellar los labios.
En tu rostro la mariposa rota de mi vida.
En el mío los pólipos púrpura de tu muerte.
Cogidos de la mano bajamos la escalera.
No esperamos a que tocaran a la puerta.
Al abrirla ya estaban ahí los centinelas. Adustos.
No sé si te entregaste o te entregué.
Si te entregamos.
Desde ahí cada paso que doy me aleja de mí misma.
De ese umbral donde los cuerpos...

Nos despedimos en gran forma.

Te fuiste para quedarte.
Me quedé para irme.